Un refugio para abejorros en el centro de Madrid

Los espacios verdes de las ciudades constituyen uno de los indicadores más representativos del bienestar de las personas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere que debe haber al menos nueve metros cuadrados de parques, jardines y espacios verdes públicos por habitante, ya que estos contribuyen a mejorar la calidad de vida de las personas, regulando el ruido y limpiando el aire, entre otros aspectos.

Otro de los grandes beneficios de contar con estas zonas ajardinadas es que favorecen la vida al proteger la biodiversidad de distintos ecosistemas. Ciudades como Vitoria o Barcelona, en las que ya se están implementando el Plan del Verde y de la Biodiversidad proyectado hasta 2020 respectivamente, han reconocido el valor de sus ámbitos naturales y han considerado el mantenimiento y mejora de la biodiversidad como aspecto clave y prioritario para el desarrollo urbanístico.

Un ejemplo más concreto es el que localizamos en el parque del Oeste de Madrid, que cuenta con zonas de refugio protegidas para la conservación y reproducción del sapillo Pintojo (Discoglossus galganoi), un anfibio en peligro de extinción.

En esta conservación del medio ambiente, también participan los nuevos modelos de arquitecturas sostenibles. Un ejemplo significativo es la zona abierta del Campus de Repsol, que cuenta con numerosos ejemplares de madroño, favoreciendo la recuperación de algunas especies fundamentales para la polinización, como el abejorro común.

La bióloga Lucía Sainz Escudero opina que se trata de un área de gran valor porque “sus madroños proveen de alimento a nuestra especie polinizadora endémica y permite, de esta manera, su conservación”. Y añade que “no solo es un espacio bonito para pasear, sino que también favorece la biodiversidad, evitando que estos polinizadores desaparezcan”.

Abejorros, más importantes de lo que imaginas

Actualmente existen más de 255 especies de abejorros diferentes, 68 de ellos en Europa. Muchas de estas especies se encuentran en peligro de extinción, vulnerabilidad o amenaza, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la organización internacional dedicada a la conservación de los recursos naturales. Si bien no está en situación crítica de peligro, cada vez podemos ver menos ejemplares del abejorro común, debido “a la amenaza de destrucción que sufre hoy en día su hábitat que obliga al abejorro a emigrar a altitudes y latitudes mayores,causando declives en su población”, explica la bióloga.

El abejorro común (Bombus terrestres lusitanicus) es la subespecie endémica mediterránea, del suroeste de Francia, la Península Ibérica y las islas Baleares y Madeira (Portugal), considerado como uno de los grandes polinizadores. La bióloga nos explica que “su importancia radica en su capacidad de adaptarse a los ambientes más fríos, por lo que su actividad, se realiza especialmente en los meses de otoño e invierno, polinizando las pocas especies que florecen en esas estaciones del año”.

Además, los abejorros, junto a otros polinizadores, permiten la reproducción de plantas, frutas, verduras y semillas, fundamentales en nuestra dieta. Es el caso de pimientos, arándanos, almendras, manzanas, peras y tomates. Para estos últimos, el abejorro es extremadamente eficiente, ya que realiza una polinización vibratoria, único movimiento por medio del cual la flor del tomatero suelta el polen. Por eso, sin ellos, nuestra alimentación y nuestra vida se verían alteradas. ¿Imaginas hacer una ensalada sin tomate?

La importancia de los madroños

Pero, sin duda, una de las flores favoritas del abejorro común son las del madroño (Arbutus unedo), “porque su polen contiene un esterol o compuesto carbonado muy importante en la nutrición de las larvas”, explica la experta, “por lo que este arbusto se convierte en una pieza esencial, sobre todo para la primera generación de abejorro”. El ciclo de vida de este insecto es de aproximadamente un mes. Las larvas nacen tras las primeras lluvias de otoño, por lo que “esta primera generación sobrevivirá gracias a la polinización de las flores de esta estación del año, entre las que el madroño juega un papel fundamental y en muchos lugares es la única fuente de alimentación y supervivencia. De hecho, sin este arbusto, la primera prole de individuos no sobreviviría, por lo que no daría paso a una siguiente”.

En Madrid, además de los madroñales del Campus de Repsol, se pueden encontrar espacios como el parque de El Retiro o la Casa de Campo. En el futuro, puede que la población de este tipo de arbustos aumente debido a las nuevas corrientes arquitectónicas, que contemplarán en sus planos zonas verdes más extensas porque los espacios arbolados ya no se crean solo con una función ornamental. En la actualidad, son una necesidad imprescindible para que las personas se reencuentren con la naturaleza y para que especies como la del abejorro común, encuentren su alimento para polinizar, continuar su ciclo, el de su ecosistema y el nuestro.

Showing 4 comments
  • Paula
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    Me ha gustado mucho el artículo y como la bióloga, nos informa a los ciudadanos de otros seres vivos que no conocíamos,lo importantes que son y lo cerquita que están.

  • Javier
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    Un relato y fotografía muy agradable de leer y respetar. Estos pequeños parajes favorecedores de la biodiversidad y llenos de vida. Respetemos estos lugares.

  • ROSA
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    Es muy interesante. El artículo transmite información que puede pasar desapercibida para los ciudadanos y vecinos de la zona a que se refiere y que paseamos ajenos a la multitud de vida y riqueza natural que nos rodea. Así mismo, la bióloga Lucía Sainz conciencia de este valor y la necesidad de respetar, concienciar, sensibilizar y fomentar los espacios que mantengan este equilibrio esencial del que, sin duda, depende nuestro futuro y sostenibilidad.
    Me gustaría que hubiera más artículos de este tipo.

  • Responder

    Muy bueno

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