¿Tienes frío o calor? Pregúntaselo a tu cerebro

¿Tienes la “suerte” de que tu compañero de trabajo sea el más friolero del grupo que necesita tener la calefacción al máximo todo el día? ¿O de que tu pareja necesite abrir las ventanas de la habitación para dormir mientras tú vas añadiendo mantas en tu lado de la cama? ¿No te puedes explicar cómo tus hijos insisten ir con manga y pantalón corto cuando para ti es ciencia ficción dejarte en casa los guantes y la bufanda? ¿Te has preguntado por qué nos pasa esto? ¿Por qué tenemos diferente percepción de la temperatura?

El cerebro, el responsable

El frío es una sensación, una percepción de nuestro cerebro que se produce en el hipotálamo, donde se regula la temperatura del cuerpo. Su función es controlar que esta se mantenga entre los 36 y los 37 grados, la ideal. “El organismo está bien preparado para adaptarse a los cambios de temperatura, aunque siempre resiste mejor el calor que el frío”, indica el Dr. Antonio Zapatero, presidente de la Sociedad Española de Medicina Interna. Este experto nos explica cómo nos adaptamos a este cambio: “En la piel tenemos unos termorreceptores que, como son terminaciones nerviosas, detectan el frío y el calor, cuya sensación se transmite al termostato más importante que tenemos en el cuerpo: el hipotálamo”.

Cuando hace mucho frío o mucho calor…

Como la naturaleza es sabia, el cuerpo intenta regular la temperatura cuando se eleva o desciende. Es aquí cuando el hipotálamo pone en marcha unos mecanismos de compensación para conservar la energía calórica y conseguir así desarrollar una mejor eficiencia energética. Por ejemplo, cuando tenemos sensación de calor, sudamos o se dilatan las arterias cutáneas:así permiten que llegue más sangre a la piel. Por el contrario, cuando hace frío, el cuerpo intenta producir calor y ahorrar pérdidas de la forma más simple, contrayendo los vasos sanguíneos, lo que hace que llegue menos sangre a la piel y los músculos también se contraigan, generando calor.

¿No toleras bien el frío?

La temperatura corporal es un asunto fisiológico, pero la percepción del frío y el calor que tiene cada uno es una cuestión subjetiva, que hace que haya personas más frioleras que otras. Puede que sus mecanismos de compensación no funcionen o algo ande mal en sus termorreceptores, por ejemplo,  siempre se dice que las personas delgadas sufren más frío que las más gruesas: “Esto tiene su explicación en que el acúmulo de grasa que hay justo debajo de la piel actúa de aislante y protección del frío”, dice el Dr. Zapatero. Por otra parte, la gente que se siente más sola y desanimada tiende a percibir más fríos que los espacios donde se encuentra.
Incluso, recientemente se baraja la teoría que, a veces, no es que tengas frío sino que “te lo han contagiado”: esta afirmación se concluye de una investigación que explica que si vemos a alguien tiritando, por ejemplo, es probable que empecemos a sentir frío también, debido a las neuronas espejo del cerebro y a que los humanos tendemos a imitar una conducta cuando la vemos.

Por último, las personas que tienen asociadas algunas enfermedades vasculares, como hipotiroidismo, anemia, etc. también suelen sentir más frío que otras. El Dr. Zapatero afirma que “unos se pueden sentir más cómodos con frío y otros con el calor”, sin que haya más explicación que la tolerancia que  presenten sus organismos. No hay que olvidar, además, que la sensación de frío varía en cada persona según lo habituado que esté a las bajas temperaturas, la región donde viva, la estación del año, etc.

¿Qué podemos hacer para entrar en calor?

A los mecanismos de compensación, añadimos también la conducta y las acciones que están en nuestra mano para no tener ni demasiado frío ni demasiado calor. Para regular esos cambios de temperatura podemos ponernos al sol, abrigarnos, taparnos con mantas, tomar bebidas calientes, movernos y hacer ejercicio, tener un sistema de calefacción adecuado… Y cuando compartimos espacio, llegar a acuerdos tácitos y no consumir más energía de la necesaria. La tecnología nos lo pone cada vez más fácil:   Ya vemos mecanismos mediante los que podemos regular la temperatura ambiente según las necesidades de cada uno, de manera individual, e incluso a partir del móvil, como es el caso Plactherm, proyecto con el que colabora Repsol, en su compromiso con el medio ambiente y el desarrollo de nuevas iniciativas que supongan mejorar la calidad de vida de las personas.

El calor empieza por los pies

 

Plactherm ha desarrollado un un suelo radiante inteligente. “Hemos creado una baldosa, que se puede calentar de manera independiente y con eso se consigue obtener distintos espacios térmicos en una oficina, por ejemplo”, nos cuenta Lluc Martí, fundador de la empresa. La idea es asociar una zona de unos 2 a 3,5 m2 de suelo a un trabajador, que puede regular a través de su móvil u ordenador la temperatura a la que se encuentra más cómodo, que puede perfectamente ser distinta a la del resto. “Si se cambia la temperatura de la zona de los pies, donde más termorreceptores tiene el cuerpo, la percepción térmica de la persona es distinta”. Este sistema hace que cada baldosa lleve incorporado un sensor de temperatura, un elemento resistivo y una especie de pequeño ordenador: que juntos permiten que cada baldosa trabaje de manera independiente, subiendo la temperatura de cada una hasta un máximo de 29º. Además del beneficio para cada persona, Plactherm ayuda a bajar el consumo energético entre un 21 y un 36%, ya que es un sistema que solo calienta cuando es necesario, eincluye un control de ocupación. “Cuando un espacio está vacío,  se puede mantener una temperatura solo para temperar; lo mismo ocurre en las zonas de paso o pasillo, donde también se puede bajar a temperatura”.

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