Programa “Mujeres caminando hacia el empleo”: de la violencia a la vida

Quien haya vivido de cerca la violencia de género, sabe que hace entrar a sus víctimas en un bucle, en el que la salida parece una quimera. El miedo paraliza y la autoestima se reduce hasta la más mínima expresión. Y duelen las heridas, tanto las físicas como psicológicas. Pero en muchos casos, reinventarse es posible.

Así nos lo confirman Almudena y Covadonga*, dos mujeres muy valientes, ejemplos de que las cosas pueden cambiar. Ellas nos demuestran que se puede recuperar la calma, la alegría, pero sobre todo, la libertad. Hoy día, ambas disfrutan de un empleo, son independientes y, lo más importante, han vuelto a sonreírle a la vida. “Ha sido como un renacer”, dice Cova. “Ahora siento que valgo, que mi opinión importa. He vuelto a salir a la calle, a reírme y lo único que quiero es recuperar el tiempo perdido, trabajar, hacer deporte, salir con los amigos, viajar y ayudar a los demás”, continúa. Almudena reafirma que “nadie debe conformarse con el maltrato y se puede salir de ahí; con ayuda, pero se puede”. Ahora está encantada con su trabajo actual: “no tiene nada que ver con mi profesión ni estudios, pero estoy feliz por haber cambiado, por levantarme todos los días con alegría para irme a trabajar”.

Ambas rondan los 40 años, tienen formación universitaria, con varios másters en su currículum, y han sido profesionales incansables. Hasta que un día se torció todo y empezaron a vivir su calvario. Son víctimas de violencia de género, cuyas ex parejas las habían convertido, entre otras cosas, en mujeres inseguras, tímidas, avergonzadas y dependientes económicamente. “Una se va metiendo en una dinámica en la que siente que está atrapada”, dice Almudena. “Yo no era capaz de mirar a otra persona a la cara y me sentía pequeña, muy pequeña”, añade Covadonga. No podían salir tranquilamente a la calle, ni comprar, ni opinar, mucho menos decidir. Afortunadamente, ese período de sus historias ya forma parte del pasado.

Almudena y Covadonga han participado en ediciones distintas de “Mujeres caminando hacia el empleo”, un programa puesto en marcha por la Fundación Integra y la Fundación Repsol, y cuyo objetivo es apoyar a las mujeres que han sufrido violencia de género, y ayudarlas en el proceso de buscar trabajo y reinsertarse en la vida laboral. El empleo se convierte para este colectivo en una herramienta fundamental para alcanzar la independencia. “A este programa le debo la sensación de haber dado un vuelco tan grande en mi vida, de que, por fin, esa pelota que estaba estancada ha vuelto a rodar”, comenta Almudena.

 

Nadie dijo que sería fácil. Tras 20 años de casada, Cova decidió apuntarse al programa. “Yo quería trabajar, no me importaba en qué, pero quería salir de ahí. Me sentía sin fuerzas y avergonzada, pero me apunté”. Almudena recuerda lo nerviosa que estaba su primer día de programa: “hacía tanto tiempo que no me levantaba y me vestía para salir, que no sabía muy bien con qué me iba a encontrar”. Allí se unió a un grupo de 10 mujeres como ella: “empezamos a hablar y a conocernos, y me di cuenta que todas estábamos en fases diferentes de nuestros procesos. Nunca olvido que las formadoras nos recordaban siempre que allí estábamos para apoyarnos y tenernos las unas a las otras”. Poco a poco, el programa ha conseguido doblegar su miedo y reactivar sus vidas, que, como dice Covadonga, “parecían en coma”.

Tanto Almudena como Covadonga concuerdan en que gracias a los cursos del programa, los que se volvieron la actividad más importante y motivadora de su día durante seis meses, ahora pueden mirarse al espejo y ver mujeres fuertes y decididas a empezar de cero. Almudena recuerda que en las charlas hacían lluvia de ideas para dar soluciones a distintas situaciones. Así fue como se reencontró con antiguas habilidades y descubrió otras que desconocía: “recobré la confianza y la seguridad, y me di cuenta de que soy muy creativa”. Covadonga, por su parte, asegura que con las charlas ha ganado conocimientos que la ayudarán en su empleo, tanto desde el punto de vista profesional como laboral. Pero, lo más importante es cómo se ha reforzado su autoestima: “entendí que valgo y que hay gente que me valora, que escucha lo que digo, que he vuelto a relacionarme con la gente y que tengo más fuerza cada día. Además, tengo muchas ganas de ayudar”.

Los formadores, los psicólogos, los trabajadores sociales de los cursos y ellas mismas son los verdaderos artífices del cambio. Las conversaciones entre las compañeras, el vínculo que se genera entre todos es otro factor que las ayuda a superarse. “El programa refuerza lo mucho que hay en cada una, lo que valemos, aunque el cambio saldrá de nosotras”, dice Almudena.

Seis meses para caminar hacia el empleo

 

El programa “Mujeres caminando hacia el empleo”, que se desarrolla en España, lleva cinco ediciones desde sus comienzos en 2014 y ha beneficiado a un total de 91 mujeres. Consiste en una formación integral de seis meses, dos de teoría y cuatro de práctica, en los que durante cuatro horas de lunes a viernes se trabaja el empoderamiento personal y laboral, explorándose las distintas vías de acceso a la vida profesional. En él, colaboran empleados voluntarios de Repsol, que aportan su tiempo y experiencia a las participantes a través de varias sesiones, ayudando a las mujeres a poner en valor sus capacidades, a mejorar su autoestima, a crear grupos de apoyo y a ganar seguridad para afrontar con éxito su acceso al mundo laboral.

 

Una de esas voluntarias es Charo Montes, quien trabaja desde hace cuatro años impartiendo el taller de Técnicas de creatividad. Con él persigue “enseñar a identificar los problemas, darles un nombre y aprender a hacerse las preguntas adecuadas para pensar fuera de la caja, con pensamiento lateral, a construir un mapa mental, para ver todo desde distintos puntos de vista porque solo así se encuentran diferentes soluciones. La idea es que las mujeres aprendan que todo empieza en ellas mismas, en su interior. Si se quedan con ese mensaje, considero que la tarea está hecha”. Los resultados son tan gratificantes también para ella que le gustaría que este modelo se replicara en muchas más empresas. “Las empresas tienen una responsabilidad en la sociedad en la que estamos insertos: crear cultura social”. Y no solo es responsabilidad de las empresas: la violencia de género es un asunto de todos, que debemos mirar de frente para impedir que ocurra un caso más.

Atención a víctimas de malos tratos por violencia de género (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad): 016

*Almudena y Covadonga son nombres ficticios de las mujeres que nos han compartido su testimonio, para proteger su identidad y resguardar su intimidad.

Showing 4 comments
  • Joaquin Giménez Argüelles
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    Muchas gracias por hacer visible el drama por el que, todavía hoy en día, pasan miles de mujeres (y sus hijos) en España. Todo lo que hagamos por apoyarlas es poco.

  • Concha
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    Me parece estupenda vuestra iniciativa. Yo ahora valoro más estas iniciativas ya que vivo una situación de desempleo con +55 años, otro sector que compruebo muy desfavorecido.No consigo entrevistas de trabajo.
    Aplaudo vuestra iniciativa, adelante con más.
    Saludos

  • Toñi
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    Yo trabajaba en una gasolinera antes de conocer a mi marido,quedé embarazada y me convenció para que me quedara en casa. Al tiempo comenzó el maltrato ahora estoy divorciada con dos hijos a mi cargo y vivo en casa de mis padres. Estoy desesperada sólo quiero una oportunidad

  • Paloma
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    Yo también participé en Mujeres caminando hacia el empleo. Me ayudó muchísimo personalmente pero mi vida aún está en coma porque con sesenta años cumplidos hace dos meses es muy difícil encontrar empleo. Sin embargo, la ayuda fue muy buena. Ojalá otras mujeres tengan más suerte que yo o lo sepan hacer mejor. A pesar de todo mil gracias a los formadores.
    Un saludo

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