Pescadores bajo la luz de Punta Macolla

Al noroeste de Venezuela se extiende la península de Paraguaná, un enclave paradisíaco frente a las islas de Aruba y Curaçao bañado por las aguas turquesas y cristalinas del Mar  Caribe. Llegar a Punta Macolla, la zona donde transcurre esta historia, es realmente complicado. Con suerte y si las lluvias lo permiten, necesitaremos un vehículo 4×4 y varias horas de viaje para acceder, entre matorrales y charcos, a un pequeño pueblo de gente del mar, sencilla y hospitalaria, dispuesta a tender siempre una mano a los visitantes.

Punta Macolla tiene 141 habitantes según el último censo. Su actividad principal es la pesca y la ganadería caprina, y hasta hace pocos meses no disponían de agua, luz o teléfono. Varios kilómetros al oeste se encuentra el proyecto Perla, un desarrollo de gas costa afuera, ubicado dentro del campo de Cardón IV,  operado al 50% por ENI y Repsol. Para ambas compañías uno de los objetivos principales es el desarrollo de la comunidad local y al entrar en contacto con la realidad de la zona conocieron las necesidades de Punta Macolla.

Los problemas de acceso a la energía repercutían en todos los ámbitos de la vida de este pueblo, pero eran los pescadores los más perjudicados. El hecho de no poder conservar el producto en arcones refrigerados les obligaba a vender rápido y muchas veces a precios excesivamente bajos. “Para refrigerar los productos debíamos comprar cada tres días hielo y el gasto era grande. Ahora con el sistema de generación tenemos un freezer (congelador), 10 bombillos y la radio,  que alternamos para conectar la licuadora”, explica el pescador Miguel Amaya.

Miguel Amaya, pescador de Punta Macolla.

Para poner en marcha este proyecto en 2011, un equipo del área de apoyo a la comunidad local de la compañía en Cardón IV estuvo varios meses diseñando un plan energético que permitiera la instalación de un sistema eficiente y sostenible, pero además, adaptado a las dificultades de acceso de la zona. Para ello se instalaron varios aerogeneradores de sistema híbrido con el apoyo de la Fundación para el Desarrollo del Servicio Eléctrico (Fundelec) y PDVSA Industrial.

El resultado permitió la llegada de electricidad a 12 viviendas, a la escuela de Punta Macolla y una instalación previa de lo que será en los próximos años un ambulatorio.  “La vida en estos campos siempre ha sido tranquila, solo que ahora tenemos luz.  Mi mamá que tiene 91 años nunca había gozado de la luz, pero desde que tenemos el molino (aerogenerador) la noche es iluminada”, explica el vecino Carlos Padilla.

Carlos Padilla, ganadero caprino y vecino de la zona.

Para este criador de caprino, la diferencia más grande radica en las posibilidades que le brinda la electricidad a su negocio de cabras: “Con la leche que sacamos de las cabras hacemos cuajadas y queso que conservamos en la nevera, la otra parte de la leche la dejamos para nosotros en la casa y la refrigeramos”.

El objetivo de este programa es también conseguir que los ciudadanos de Punta Macolla sean totalmente independientes y puedan solucionar ellos mismos las posibles caídas del sistema eléctrico. Para ello, se realizó un programa de capacitación junto con la empresa venezolana Fundelec y actualmente cuando algún aerogenerador sufre un problema, son los propios vecinos quienes saben cómo solventarlo: “La calidad de vida nos ha cambiado para bien, estamos contentísimos. Cuando la luz del sistema grande (sistema híbrido) falla yo sigo teniendo luz, eso es una gran ventaja”, relata Maribel Reyes, madre de 3 hijos.

Maribel Reyes, junto al aerogenerador que han instalado en su casa.

Cada uno tiene su particular forma de contar esta historia, pero esta vecina de Punta Macolla lo resume así: “Xavi, mi hijo menor, ahora ve sus comiquitas (programas de dibujos animados en la televisión) y como le teme a la oscuridad en la noche duerme con luz y su sueño es más relajado”.

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