Luis Fernando Bensimón, un mentor de ángeles sin hogar en Houston

Luis Fernando Bensimón siempre ha adorado a los niños, y aunque tiene una hija ya mayor que trabaja como diseñadora gráfica en Los Ángeles, su sueño siempre ha sido “tener una familia numerosa como para montar un equipo de voleibol”. Pero con su única hija fuera de casa, este ingeniero que desarrolla su función como líder del equipo de proyectos y facilidades de Repsol en Houston, Texas, ha decidido ayudar a los pequeños más necesitados de su alrededor.

“Siempre me encantaron los niños, y de joven, cuando estaba en Río de Janeiro, donde nací, trabajaba como voluntario con niños pobres en una de las favelas de la ciudad”, recuerda Luis, que lleva ya un par de años como voluntario en la ONG Angel Reach, que ayuda a 50 niños y jóvenes de familias desestructuradas. Su trabajo se centra en los menores a los que se busca familias de acogida, los jóvenes adultos que conviven en casas comunitarias, las madres jóvenes y los niños sin techo, que suman más de un millar en el condado de Montgomery en el que vive Luis.

Inicialmente Luis colaboró con Angel Reach en algo tan sencillo como una mudanza del local en el que la entidad vende muebles y ropa de segunda mano, y tras ese primer contacto surgió el proyecto que le cambió la vida. “Me propusieron trabajar como mentor de David, un chico de 19 años, que había terminado la escuela secundaria. Un chico brillante, que fue expulsado de su casa a los 14 años y que vivía en las calles”. Encantado, aceptó el reto.

Desde entonces, ambos mantienen una estrecha relación. Una vez a la semana suele quedar con David, quien le expone sus dudas, le pide consejo, e incluso asesoramiento en temas como realizar una carta de presentación para optar a un trabajo: Luis Fernando se ha convertido en su mentor y asume “el rol de un adulto responsable con el que este niño puede contar, una inspiración, un ejemplo”. Y es que la mayoría de los niños no tienen padres,  “y los adultos con los que estos niños tuvieron contacto son los que los abandonaron o molestaron”, por lo que carecen de referentes maduros con conocimiento y sabiduría a los que poder acudir. “No importa que llueva o haga sol, estaremos ahí, y necesitamos que comprendan que tienen alguien con quien contar, alguien firme. Un puerto seguro para ellos”, afirma el mentor.

David estudia en un General College, donde compagina sus estudios con dos trabajos, uno de camarero y otro en una agencia de seguros. Su objetivo es entrar en la carrera de Relaciones Internacionales en la cercana universidad de Austin, en Texas, para no alejarse demasiado de su entorno. Además, en su tiempo libre, enseña japonés a otros niños en un club que fundó, pues es un amante de la cultura nipona.

Luis, al igual que el resto de mentores, ha tenido que aprender a ganarse la complicidad de los jóvenes, algo que resulta difícil ya que estos carecen de referentes adultos en su entorno. “No sucede rápido. La confianza tiene que ser conquistada y no es fácil”, confiesa Luis, que como mentor recibió un curso inicial impartido por Angel Reach para adquirir esas habilidades necesarias en su trabajo como mentor. En la actualidad, este ingeniero es también formador de nuevos mentores, a quienes enseña que nunca deben preguntar “a los niños cómo era su vida pasada, qué pasó con el padre o la madre. Eso no nos interesa, el pasado es pasado, y solo estamos preocupados por su futuro”.

A través del programa Más que palabras de Fundación Repsol, que  selecciona proyectos de integración social presentado por sus empleados, accionistas, distribuidores y clientes, Angel Reach ha recibido apoyo económico para la organización de dos actos anuales. Uno de ellos, realizado en 2017, consistió en la visita para unos 25 chavales al Museo de Ciencias Naturales de Houston, y dejó una hermosa anécdota a Luis Fernando, que fue quien presentó el proyecto.  Ocurrió al final de la jornada, cuando “una señora que tenía dos niños con nosotros, no recuerdo si era la hermana mayor o la abuela, me puso una carta en mi bolsillo. No tuve tiempo de mirarla, porque había que meter a los niños en el autobús, y ya en casa la leí; era un mensaje absolutamente fascinante”.

En la nota, le decía al mentor que “estaba muy agradecida a Repsol y a su gente, porque nunca en su vida había estado cerca de un museo, ni del centro de la ciudad, nunca había visto los edificios. Y me dijo que toda su vida recordaría el momento en el que le dio esa oportunidad”. Luis Fernando fotocopió esa carta y la distribuyó entre los compañeros de la empresa, y gracias a ella algunos de ellos también se han convertido en voluntarios de Angel Reach. Una organización en la que se puede colaborar como mentor, como tutor escolar, enseñando a los jóvenes a conducir o ayudándoles en la búsqueda de empleo, entre otras labores.

De las experiencias de este año, Luis también recuerda con cariño el 4 de julio, cuando llevaron a los niños a un parque a ver los fuegos artificiales y a disfrutar de la música con la que se festeja el día de la Independencia. “Al final de la noche, una niña de unos 17 años se acercó a mí con los ojos llorosos, porque la última vez que vio fuegos artificiales fue cuando era pequeña, una noche de año nuevo con sus padres, en su casa, y nunca más los había vuelto a ver. “No recordaba que era tan lindo” me dijo, y me emocionó mucho”.

Deja un comentario

Contacto

¡Escríbenos y te responderemos lo antes posible!

¿No lo puedes leer? Cambia el texto.