¿Sabes cuánto tiempo se tarda en llenar el depósito de una embarcación?

Pescadores que llegan en sus pequeñas o grandes embarcaciones, turistas que dan la vuelta al Mediterráneo en su velero, patrones de yates que salen a navegar desde hace más de 30 años o de golondrinas que llevan a cientos de turistas. Todos ellos, no importa cuál sea su origen ni su destino, llegan de todas partes del mundo a repostar a las estaciones que Repsol tiene repartidas en 68 puertos deportivos de toda España.

Jorge Calonge tiene 38 años y lleva 7 como expendedor de combustible en la estación del puerto deportivo de Sóller, en la isla de Mallorca. Siguió los pasos de su padre, quien desempeñó el mismo oficio durante más de 30 años hasta que se jubiló. Tanto tiempo viéndolo trabajar en esta misma estación cuando era pequeño, que no sorprende que el joven expendedor conozca al dedillo el pueblo, sus habitantes y los muchos navegantes que timonean desde una zódiac u otras embarcaciones pequeñas, hasta golondrinas, pesqueros o yates de 40 metros de eslora, que es lo que mide el muelle, que pasan habitual o esporádicamente por allí.  Jorge trabaja en Repsol desde el año 2000, pero en estos años en el puerto ha aprendido, escuchado y formado parte de muchas historias. De su mano, paseamos por algunas de esas curiosidades que aprendemos cuando hablamos de repostar una embarcación en un puerto.

 

Jorge Calonge, expendedor, lleva trabajando en este puerto deportivo desde el año 2000.

 

Desde zódiacs hasta yates

El puerto de Soller es el único puerto de la zona viable para amarrar por la noche, pernoctar y repostar. En esta estación se vende gasolina de 95 octanos, gasóleo A y gasóleo B, este último para el sector  profesional. Aquí repostan diferentes tipos de embarcación: zódiacs, veleros, lanchas, pesqueros, yates y motos de agua pueden repostar en esta estación.

Gestionar 105.000 litros de combustible

Hace unos 12 años se instalaron nuevos depósitos que han facilitado la logística y suministro de la estación, aunque al ser un lugar muy turístico, el camión debe ser escoltado por policía municipal. Cada dos días un camión carga hasta 25.000 litros de cada tipo de combustible.  La reserva de la estación cuenta con 25.000 litros de gasolina 95, 40.000 de gasóleo A y otros 40.000 de gasóleo B. Nunca se ha quedado sin combustible, pero cuando hay más demanda se trata de equilibrar. Si viene una embarcación que necesita llenar un depósito muy grande, se acuerda con el cliente repostar un poco menos y dejar algo en reserva para el día siguiente. “No se deja sin combustible a nadie”, dice Jorge.

 

Siempre se queda a bordo el patrón

Cuando llega el momento de repostar la embarcación, los tripulantes deben desembarcar y solo queda a bordo el patrón, quien apaga el motor. Por ley marítima, el expendedor no debe subir ni pisar la embarcación por lo que le pasa la manguera al patrón y es este quien aprieta el boquerel, siguiendo las instrucciones del expendedor. Una práctica habitual es que el patrón recoja el boquerel en mano y evite que la manguera se golpee o quede atrapada entre la embarcación y el muelle. Jorge, al igual que su compañero expendedor, está formado en seguridad y medio ambiente, y aplica estas pautas pensando en la seguridad del cliente y sus embarcaciones. Puedes ampliar información sobre las normas de seguridad durante el repostaje aquí.

Depósito lleno en solo 5 minutos…

Por lo general, repostar no lleva mucho tiempo con el caudal al máximo. Otro tema es lo que se tarde en preparar la embarcación para ello. Una que requiera 300 litros, puede acabar el repostaje en 5 minutos. “Pero eso es lo de menos”, señala Jorge. “Hay que contemplar que cuando el barco llega, se deben atar amarres de proa, de popa, poner cabo, intentar abrir el depósito (a veces, se ha cerrado muy fuertemente y es difícil abrirlo)”, explica.

Cuando el tiempo se altera

Es imprescindible que el expendedor suspenda el suministro y avise oportunamente a los clientes en caso de tormenta eléctrica o condiciones meteorológicas muy adversas, lo que estos suelen comprender perfectamente y esperan a cuando corresponda. Con una ligera lluvia, por ejemplo, sí se puede repostar.

Gentes del mundo

Por el puerto de Sóller pasan españoles y extranjeros, turistas y profesionales cuyo trabajo se desarrolla en el mar. Así es un lugar al que acude gente de todas partes del mundo con barcos con nombres variopintos, históricos, curiosos o graciosos, y aspectos singulares como “una vez que apareció uno completamente dorado”, recuerda el expendedor. Esta realidad es motivadora para estar preparado e ir aprendiendo nuevos idiomas. En el caso de Jorge, se defiende en inglés, francés, alemán y ahora, incluso, se ha propuesto aprender ruso.

Pequeños datos locales

La comunicación es un hábito en esta estación. Aquí la gente no solo reposta sino que aprovecha para charlar unos minutos y preguntar sobre dónde alojarse, dónde comer, qué hacer en los alrededores, dónde comprar hielo… Es decir, a veces, casi funciona como una improvisada oficina de información turística.

Cada repostaje, una historia

También se conocen historias como la de una pareja de jubilados amantes del mar de unos 65 o 70 años, quienes están dando la vuelta al Mediterráneo y recalan en la estación de Sóller puerto con su pequeño velero de 10 o 12 metros. Y les está gustando tanto la experiencia que quieren más: ya empiezan a pensar en cuando terminen con el Mediterráneo, embarcarse en su siguiente aventura que será conocer así el mundo. “Y cuando les preguntas cuánto tiempo piensan tardar”-nos cuenta Jorge- ellos responden “el tiempo que nos lleve: un año, cuatro o diez, quién sabe”.

Repostar en simultáneo

Como se ofrecen tres productos, se pueden repostar tres embarcaciones al mismo tiempo, pero lo habitual es que sean dos, porque en verano hay dos expendedores que, aunque el que reposta es el cliente, deben estar siempre supervisando la operación. “Si viene una embarcación profesional, por ejemplo, pongo gasóleo B; si viene un velero se le pone gasóleo A y si viene otro más pequeño, gasolina”.

Así, en las estaciones de los puertos deportivos no solo se llenan de combustible los depósitos sino que también se cruzan vidas, idiomas, experiencias y anécdotas.

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