Los voluntarios, el alma de los XVIII Juegos del Mediterráneo

Cuando los organizadores de la XVIII edición de los Juegos del Mediterráneo, planificaron cada actividad y lo que debía suceder en minuto a minuto de esos diez días de competiciones deportivas, sabían que la clave del éxito eran los voluntarios. Y los tarraconenses no defraudaron. El “alma” de los Juegos, compuesta por tres mil quinientos -se presentaron más de ocho mil candidatos- amantes del deporte y de la ciudad, darán lo mejor de sí mismos para que todo salga a la perfección.

“Me he hecho voluntario de los Juegos, porque creo que es una ocasión única de participar con tu ciudad y de hacer historia”, explica Toni Carmona, operador de planta en el complejo de Repsol en Tarragona. “Que se celebren los Juegos del Mediterráneo en Tarragona es una oportunidad única para la ciudad. Creo que muchísima gente está ilusionada con que se celebren aquí y es una oportunidad de darnos a conocer”.

Toni es compañero de Joan Tornell, que también es voluntario en estos Juegos. “Mi deporte favorito es el baloncesto y por suerte en esta edición se va jugar por primera vez el tres por tres”, explica. Ambos reflejan la ilusión de toda una provincia. “Tarragona está volcada con los Juegos”, afirman.

El alma de los Juegos

“Los voluntarios aportamos a los Juegos sobre todo pasión y ganas de tener un evento en el que todo el mundo pueda ver que Tarragona es una gran ciudad”, explica Tornell. Pere Valls, el padre del proyecto, va más allá: “El  papel de los voluntarios es primordial, es impagable. No se podría hacer un acontecimiento de estas características sin una cantidad muy importante de voluntarios. Su trabajo es fundamental”.

Valls ha sido también pieza clave en la celebración de estos Juegos del Mediterráneo. Fue él quien, al regresar de Barcelona 92, donde había sido juez de atletismo, concibió la candidatura de Tarragona. Ahora, treinta y seis años después, se siente “feliz”. Pero asegura que el mérito no es suyo, sino de todos los que lo han apoyado y de los habitantes de Tarragona.

De todos, para todos

Ellos serán, además, los grandes beneficiarios del proyecto. La  inversión realizada ha supuesto una mejora notable no solo de las instalaciones deportivas, sino de muchas infraestructuras de la ciudad. Tornell recuerda los tiempos en los que iba a jugar al baloncesto en Campoclaro y asegura que “ahora no tiene nada que ver cómo está la zona”.

Un estadio de atletismo que cumple con los requisitos para albergar cualquier competición -a excepción de los Juegos Olímpicos, que cuentan con una normativa específica-, un pabellón de deporte que ya es una referencia arquitectónica para los expertos -ha ganado varios premios- y una piscina de cincuenta metros son las principales instalaciones que el proyecto ha aportado a la ciudad. “Todo eso queda para el uso por parte de los habitantes de Tarragona”, dice Valls.

“La ciudad parece otra”, explica Carmona. “Ha cambiado muchísimo el color. Ha pasado de ser una ciudad gris romana, que tiene también todo su encanto, a convertirse en un lugar de encuentro de muchos países, mucha gente y, sin duda, una fiesta para todo el que vive aquí”.

Los Juegos del Mediterráneo se crearon tras la II Guerra Mundial “para cerrar las heridas de la guerra”, explica Valls. Según él, este evento simboliza todos los valores del deporte. “Aquí vamos a tener atletas de Siria, de Líbano, de Kosovo. Hay que recibirlos con los brazos abiertos y ser solidarios, integradores y cohesionadores”.

“Si los atletas son la pieza clave en estos Juegos del Mediterráneo, los voluntarios somos el alma”, aseguran Tornell y Carmona. Y no están solos: toda una provincia está, como rezan las camisetas y polos de todos los involucrados en la organización, “preparada hacer historia”.

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