“Estar todo el día viendo la tele te acaba quitando la vida”

La llegada de la jubilación se puede convertir en un momento complicado para muchas personas, especialmente para aquellas que no disponen de aficiones. Pasar mucho tiempo en casa cuando no se tenía la costumbre o dejar de sentirse útiles son situaciones frecuentes, que pueden derivar en problemas personales y familiares.  “A partir de los 45 las empresas deben descubrirte que algún día te vas a ir y que debes buscarte hobbies para llenar tu tiempo”, cuenta Francisco Sola que hasta su jubilación fue Subdirector Comercial de Grandes Clientes de Repsol.

Francisco tuvo claro cuál iba a ser su camino cuando acudió a una de las charlas organizadas por Fundación Repsol. “Nos comentaron que era bueno que hiciésemos una actividad cultural, más allá de leer o ver la televisión. Que investigásemos, que estudiásemos, que eso nos alarga la vida ocho años. Y esa frase se me clavó. Estar todo el día con el mando de la tele en la mano te acaba quitando la vida.”.

En una de las charlas de la Fundación Repsol nos dijeron que era bueno hacer una actividad cultural. Que estudiásemos, que eso nos alarga la vida ocho años. Esa frase me clavó”  Francisco Sola, voluntario cultural

Francisco es guía voluntario del Museo Antropológico desde hace cinco años

Francisco quiso firmar esos ocho años más de vida que le prometieron en la charla y acabó formando parte del programa de Voluntariado Repsol, en su actividad Energía Mayor, que permite a los empleados mayores de 55 y a los jubilados de la empresa integrarse como guías voluntarios en diferentes museos de España.

Cuando acabó su formación como guía, Francisco tenía que elegir museo y, después de una vida dedicada a los números, se decantó por el Museo Antropológico. Empezó a acudir al museo y día a día fue aprendiendo de cada visitante: “a los seis meses me sentía capacitado para ser guía, y ya llevo unos cinco años”, recuerda. Desde entonces ha seguido formándose con los libros que están disponibles en el propio museo. “Es muy bonito seguir estudiando antropología” confiesa con una sonrisa. El lema de este museo, curiosamente, es “Nosce Te Ipsum” que en castellano significa “Conócete a ti mismo”.

Una inquietud que no para de crecer

Para estas visitas, se forma a los participantes en temas variados: cómo hablar en público, funciones básicas de un guía…, así como una especialización en el museo que elijan. “Hay que promocionar el interés por lo que se ve, porque vas a un museo y al regresar a casa te dan ganas de buscar en el ordenador lo que has visto para saber más. Es clave fomentar el interés”, nos dice Antonio, otro de los guías voluntarios del Museo Antropológico de Madrid, que desarrolló su vida profesional dentro de una multinacional relacionada con el sector sanitario.

 

Quienes se inscriben en el programa obtienen dos claros beneficios, según Belén Soguero, la coordinadora de voluntarios de este museo: “Es una vivencia aparte de su día a día que les permite seguir en activo” explica Belén, “un servicio clave que sin ellos no se podría ofrecer y que les ofrece la gratificación personal de hacerlo de manera altruista”.Una opinión que respalda Francisco. “Me considero un afortunado en la vida, por estudios, empresa; creo que era el momento de devolver algo de lo que yo he recibido”.

Las visitas guiadas de voluntarios son un servicio clave, que sin ellos no se podría ofrecer”  Belén Soguero, coordinadora de voluntarios del Museo Antropológico

Generalmente el público agradece, y mucho, estas visitas. “La experiencia ha sido muy cómoda y amigable, de tú a tú, porque tenemos unas edades más o menos iguales. Me parece estupendo que haya gente con una jubilación activa y que den a la sociedad aquello para lo que están capacitados: la preparación me ha parecido muy buena y he aprendido bastantes cosas”, cuenta Carmen García, una de las asistentes a la visita conducida por Francisco.

Carmen, contemplando una de las vitrinas de la exposición sobre África

Cinco años ejerciendo de guía dan para muchas anécdotas. “Viendo la sala de Filipinas, al hablar de Manila y su universidad, un señor me contó que él fue 20 años catedrático allí. Yo le dije que me daba una alegría y que, si me permitía cambiarme el sitio, no podíamos desaprovechar la ocasión. Aceptó, me enseñó cosas que no sabía, y desde entonces las he incoporado a las visitas. Fue una maravilla”, recuerda Francisco con cariño.

Sin duda, Francisco ha ganado mucho más que ocho años más de vida: la jubilación es sólo el principio de una etapa que puede estar llena de descubrimientos.

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