Cuando los plásticos tienen un valor vital

Todo está preparado para que se abra el telón. El campo quirúrgico será el escenario y el equipo médico, el reparto. Empieza una función en la que no hay lugar a la improvisación.

Un equipo de profesionales se mueve por la escena como si estuvieran representando la coreografía del Lago de los cisnes. Porque aquí, cada uno juega un papel vital, cada uno sabe qué hacer en cada momento. Nadie habla. Sus miradas les bastan para saber cuándo tiene que intervenir cada uno de ellos. La respiración del paciente y los acompasados pitidos del monitor que refleja las constantes vitales serán la única banda sonora.

Pero, ¿alguna vez nos hemos parado a pensar en la cantidad de objetos que hacen posible que se lleve a cabo esta función? Objetos que para el personal sanitario son de vital importancia y no simple atrezzo.

Cirujano jefe, anestesista, enfermera instrumentalista, enfermera circulante… Cada uno de ellos necesita disponer de material específico para representar su papel. Todo debe estar dispuesto para que nada falle en esta perfecta sincronización.

En escena entran jeringuillas, bolsas intravenosas para suero o sangre, inhaladores, catéteres o los blíster de los que se extraen las suturas o las píldoras del botiquín. En la actualidad, todo ese material sanitario y envases farmacéuticos se fabrica a partir de plásticos derivados de la petroquímica.

Con polipropileno se fabrican cuerpos de jeringuillas o inhaladores; con polietileno, filmes y botellas para medicamentos; y con los copolímeros EVA, bolsas para suero o sangre y catéteres, debido a su resistencia y durabilidad a bajas temperaturas.  Estos envases son flexibles, ligeros y reciclables, y el contenido se mantiene estanco y protegido.

Tejido no tejido

Que las jeringuillas son de plástico porque ofrecen mayor seguridad que las antiguas de cristal es algo conocido por todos. Más sorprendente es descubrir que las mascarillas, gorros, batas quirúrgicas, sábanas, protectores y empapadores también están fabricadas a partir de fibras de polipropileno usando la técnica del “tejido no tejido”, que ofrece una barrera excelente contra los líquidos y contra la transmisión de microbios.

En este caso, las fibras están unidas por procedimientos mecánicos o químicos. Así se logra que no desprendan pelusas, lo que mejora la higiene frente a alternativas como el algodón porque se reduce en un 99% las partículas en la zona quirúrgica. Además, es un material ecológico y reciclable.

Pero también son de plástico los revestimientos de paredes y suelos, los zuecos de los sanitarios, los contenedores de residuos biológicos, las lámparas de la mesa de operaciones, las carcasas de aparatos electrónicos… La lista es interminable.

Porque las aplicaciones de la química en el sector sanitario son casi infinitas y todas de vital importancia para que el trabajo de los profesionales de la salud sea siempre lo más eficaz y seguro posible. Pero, sobre todo, para velar por la salud de las personas.

Y es que lo verdaderamente importante cuando tenemos que someternos a una operación quirúrgica es saber que estamos en buenas manos y que cuando se cierre el telón, la función habrá tenido un final feliz.

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