Bolivia: un plato, un futuro

El PMA o Programa Mundial de Alimentos (WFP) es un programa de la ONU que se creó hace más de cincuenta años para apoyar proyectos de desarrollo, refugiados de larga duración y personas desplazadas y proporciona comida de emergencia en caso de desastres naturales o provocados por el hombre. Surgió como un programa piloto de tres años y, desgraciadamente, no ha dejado de ser necesario en las últimas cinco décadas.

 El WFP provee de alimentación escolar a 18 millones de niños de 65 países y colabora con diferentes entidades e instituciones. Repsol se convirtió en 2014 en la primera compañía energética en firmar un acuerdo con la entidad y en 2018 la colaboración se ha extendido a los 20 países en los que tanto la compañía como el WFP tienen presencia.

 Repsol, a través de la Fundación Repsol desarrolla dos programas localizados en Perú y Bolivia, con educación nutricional y alimentación escolar para los más vulnerables. En concreto Bolivia ha sido uno de los 22 países donde casi 1.000 voluntarios de Repsol han trabajado dentro de la Semana Internacional de Voluntariado Repsol que ha tenido lugar del 26 de noviembre al 2 de diciembre, para dar un paso más hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

El 26 de noviembre más de 250 niños de la escuela 12 de abril de Palos Blancos recibieron con cantos, bailes y poesías, la ayuda de los voluntarios Repsol y el WFP. Fue una intensa jornada donde tuvieron hubo que multiplicar esfuerzos para alimentar a todos  los alumnos, un trabajo titánico que a diario lleva a cabo una sola cocinera con un presupuesto de menos de medio dólar por persona y día. “En este lugar me di cuenta de la importancia que tiene la alimentación que se les proporciona a estos chicos”, cuenta la empleada de Repsol y voluntaria María Nelda, “ya que prácticamente de esto depende su asistencia al colegio, y en muchos casos la comida que se les da en la escuela es el único alimento que reciben en el día.”

Al día siguiente la actividad se desarrolló en la escuela Los Naranjos en la provincia Entre Ríos. Una escasa infraestructura que, sin embargo, con ayuda de los productos de su propio huerto, alcanzó para dar de comer a sus 160 alumnos y 10 maestros a tiempo. Con la emoción de voluntarios que veían reflejada su niñez en la de aquellos alumnos, el 28 de noviembre todos los voluntarios visitaron el Comedor Popular de las Hermanas Vicentinas en Tarija. Una media de 100 personas en situaciones de vulnerabilidad (personas sin techo, con discapacidad, niños…) acuden a este centro en busca de su única comida diaria, para ellos y sus familias. La sopa maní y guiso de fideos alcanzó para todos, en un comedor que es más que eso, donde los necesitados son bienvenidos, socializan y encuentran apoyo.

El acceso a la alimentación es un derecho fundamental, una necesidad básica que puede condicionar una vida, un futuro. La colaboración entre Repsol y el WFP va a permitir seguir llevando comida donde más se necesita, una experiencia que para los voluntarios supone comprobar de primera mano el impacto de su implicación: “estamos muy agradecidos con la vida por habernos permitido tener estas experiencias, nos motivan para seguir adelante.”

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