Blockchain, mucho más que criptomonedas

Blockchain se ha convertido en la innovación tecnológica del momento. También se conoce como el internet del valor, en contraposición al internet de la información, que es lo que conocemos ahora. Permite la transmisión digital de datos de forma descentralizada, utilizando la criptografía, de forma que la información de la transacción queda registrada simultáneamente en toda la red creando una cadena de bloques inmutable, segura y trazable.

Es una tecnología que permite transferir propiedad y valor entre dos partes sin intermediarios, y con la ventaja de que es programable, por lo que se puede establecer bajo qué condiciones se va a producir esa transacción. Es la tecnología más disruptiva desde la llegada de internet. Nos permitirá crear un registro único, accesible, inalterable y verificable de las entidades, bien sean gobiernos, empresas, personas o incluso cosas. Garantiza por tanto la seguridad y trazabilidad, es decir, la confianza del entorno digital.

La primera blockchain del mundo fue bitcoin, que permite la creación y transmisión de una moneda digital (el Bitcoin) sin necesidad de intermediarios. Pero es el tremendo hallazgo de la tecnología  subyacente, el blockchain, lo que ha despertado el interés de numerosas industrias y grandes empresas. Los ejemplos de cómo esta tecnología puede conquistar escenarios ajenos al mundo de las finanzas son variados. Uno es el de la trazabilidad alimentaria, gracias a que la información sobre la trazabilidad se almacena de forma segura e inmutable en la cadena de bloques. Otro es el del voto: blockchain puede servir para asentar de forma fiable y definitiva las elecciones digitales. También se extiende al periodismo, el supply chain, la seguridad o la publicidad, entre otros muchos. Un muchos que incluye al sector de la energía.

Desde hace un tiempo, los programas pilotos no dejan de sucederse. En Austria, Wien Energy ha comenzado a experimentar con un modelo de suministro de energía verde de forma individual, dirigida al consumidor y descentralizada a través de blockchain. En Nueva York, Enel ha creado un “microgrid” eléctrico basado en blockchain, es decir, una red eléctrica local para suministrar al vecindario que puede operar en paralelo a la principal. Y en España, Repsol está poniendo en funcionamiento diversos programas para evaluar el potencialidad e impacto de esta nueva tecnología en los distintos negocios.

 En este momento estamos en fase de evaluación de varios proyectos, analizando donde tiene sentido implantar blockchain. Es un momento cero”, Nuria Ávalos, directora de Innovación de Repsol

La palabra clave es “transversalidad”, explica Nuria Ávalos, directora de Innovación de la compañía “En este momento estamos en fase de evaluación de varios proyectos, analizando dónde tiene sentido implantar blockchain. Es un momento cero”, cuenta. Para Ávalos, esta nueva tecnología se encuentra en el mismo lugar en el que se encontraba Internet a mediados de los noventa, hasta el punto de que cuesta imaginar “qué consecuencias y qué aplicaciones podremos tener en el futuro”.

Por el momento, añade, Repsol enfoca blockchain hacia “la eficiencia de los procesos” de forma que sea una palanca más en el proceso de transformación digital de la compañía. Por ello, de cara a evaluar y aprender el impacto y la potencialidad de esta tecnología, ya estamos trabajando en un proyecto piloto que lanzará el proceso de digitalización de la Tesorería corporativa. Además, también se ha desarrollado con éxito un prototipo surgido del Fondo de Emprendedores, en el que, a través de blockchain, se ha conseguido registrar y certificar sistemáticamente los análisis de laboratorio realizados en el Centro de Tecnología, garantizando la trazabilidad y fiabilidad de los mismos, asegurando, por tanto, que el análisis no ha sido modificado después de su realización.

La naturaleza distribuida de blockchain, a juicio de Ávalos, es clave. Permite a distintos actores que participan en un mismo proceso conectarse a una red única, que asegura la integridad e inmutabilidad de las operaciones, crear activos digitales y trabajar con el equivalente a un sistema operativo común. Actualmente, cada integrante de la cadena de valor mantiene su propio sistema, con lo que la comunicación entre equipos es compleja y es necesario mantener procesos de conciliación y back office en paralelo. “Al tener todos los participantes acceso a una única fuente de información verificada, se reduce la posibilidad de errores, las necesidades de intermediación, de arbitraje, etc.”, relata.

Junto a las innovaciones, ya tangibles dentro de la industria, blockchain también está trayendo retos. Uno es el regulatorio: “Para que se universalice el uso de blockchain, es necesario disponer de un marco regulatorio que dote de validez legal a las transacciones que se realicen, a los activos digitales a transferir y a la propia identidad digital que certifica y representa a cada participante”, sugiere Ávalos. “Otro de los retos a los que se enfrenta esta nueva tecnología son los estándares y la interoperabilidad: actualmente blockchain no hay una, sino muchas”, añade.

Alastria, la primera red española regulada

 

Repsol es consciente de la importancia de este fenómeno y desde el pasado octubre forma parte de Alastria, la primera red blockchain multisectorial creada en España. Alastria es un consorcio sin ánimo de lucro, que ya tiene más de 210 entidades (grandes empresas y pymes), y que pone al servicio de sus miembros la tecnología y el marco de acción para ser un ecosistema de intercambio y registro de datos veraz, eficaz, ágil y digital.

 

En palabras de Nuria Ávalos, “se necesita un entorno estable donde puedas operar”, Alastria ofrece un estándar técnico y legal que permite a las empresas contar con una infraestructura fiable y segura donde utilizar blockchain. “Si quieres construir tus aplicaciones sobre una red blockchain, que te garantice su adecuación a la legislación española y que te facilite una identidad digital para que puedas operar desde allí en vez de crear la tuya propia, Alastria te lo ofrece”, concluye. Se trata, indudablemente, de uno los pasos más sólidos para habilitar y acelerar la transformación digital en diferentes industrias, como la de la energía.

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