Agua, el tesoro del desierto

Una de las primeras cosas que aprendemos desde niños es que tres cuartas partes de la superficie de nuestro planeta están cubiertas por agua. En Ciencias Naturales también nos enseñan que nuestro propio cuerpo está compuesto en un 75% de este líquido vital. Más de la mitad se encuentra en el interior de las células y el resto circula en la sangre para bañar los tejidos. Y por si esto no fuera suficiente, está demostrado que en promedio, un ser humano no podría sobrevivir más de tres días sin agua.

Está claro que el agua es fundamental para la vida. Pero, ¿qué ocurre en las regiones del planeta donde este elemento escasea? En lugares como el desierto, la buena administración de los recursos acuíferos se convierte en una cuestión primordial.

Hace 3.000 años, los persas ya idearon un sistema de galerías para canalizar el agua subterránea en zonas desérticas: las ‘foggaras’. De esta forma, lograban llevar el agua desde el acuífero de origen o ‘pozo madre’, hasta las zonas en las que habitaban y tenían sus plantaciones de cultivo.

Actualmente, existe un acuífero subterráneo muy grande al norte de África que da vida a los oasis de un eje que une Marruecos, Libia, Túnez, Mali y Argelia.

Precisamente para las tribus locales que viven hoy en el desierto de Argelia este sistema de foggaras es vital. Cada tribu se instala junto a una foggara y aprovecha su agua para abastecer de regadío sus huertos, logrando que en medio del Sahara crezcan, casi milagrosamente, cereales y hortalizas.

No es de extrañar que para ellos, el agua sea el mayor de los tesoros.

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